"Me le pasé viendo demasiado tiempo al abismo hasta que éste me devolvió la mirada"

Friedrich Nietzsche 

Influencer (¿?) "literario": bótate al carajo

Dentro del mundo booktuber, booktoker y bookgramer –eufemismos estúpidos (por no llamarlos pendejos) de los creadores de contenido relacionado con los libros y la literatura en las plataformas de YouTube, Tik Tok e Instagram-, hay un par de temas que son muy socorridos, ¿populares? y son abordados por todos: el rastreador de lecturas –reader tracker- y la lista tbr –to be readed (por ser leídos)-.

Y ese tipo de temas no tiene nada de malo, al contrario, creo que es otra opción dentro del abanico de posibilidades que ofrecen los servicios antes mencionados. 

Lo malo, según yo, son dos cosas.

Uno. Su uso y abuso. Todos, pero todos en absoluto, lo hacen. Todos los meses, todos los años. No mamen. ¿Neta las neuronas no les dan para otro tipo de temas? 

Dos. Yo no podría jamás hacer un “rastreador de lecturas”, y lo afirmo con conocimiento de causa. Ya lo intenté y lo abandoné, por el simple hecho que yo suelo cambiar seguido de libros –y de lectura-, salvo excepciones. Me explico.

En lo que a mi concierne, la lectura es un placer, no un suplicio. Atrás quedaron los días en donde tenías que leer a fuerza un libro –por lo general para hacer un trabajo escolar- sí o sí. Entonces, ahora, si un libro no me gusta / engancha en sus primeras páginas o a los pocos minutos de comenzar a leerlo, alv. Al botadero, papá. Que te aguanten el cabrón que te escribió y el pinche editor pendejo que decidió publicarte.

Porque haber, fuera máscaras. La neta, en la actualidad, con la “democratización” de internet, todos nos creemos escritores. Sí, sí. No nos hagamos pendejos. La diferencia es que unos escriben mejor que otros, y lo que a unos les gusta, al resto les caga. A no mamar. No queramos tapar el sol con un dedo. Y también influye el hecho de que existen editores con daño cerebral a quienes les da por publicar pendejadas mal redactadas, maquetadas y hasta con falta de ortografía. No me jodan. 

Entonces, tengo muchos, muchos libros que he mandado a calacas por lo anterior descrito. En ocasiones, en media hora, puedo botar al carajo entre cinco y ocho lecturas sin problema. Entonces, que güeva andar haciendo las anotaciones que los “influencers” (mis güevos) indican realizar: título, fecha de publicación, numero de edición, autor, frases que nos llaman la atención, fecha de inicio, fecha de fin, etc… ¡NO MAMEN! 

Para eso, tengo al todo poderoso Calibre. No necesito hacer –otra vez- todo lo que estos… creadores de contenido pregonan. 

Y los tbr... (inserte ruido de bufido aquí)

Wey, no mamen. De nueva cuenta, para eso tengo Calibre. Ese software es –para mí- una maravilla. Y no necesito hacerle caso a nadie que pretenda influir en la manera en la que disfruto de MI lectura.

Por supuesto, no tengo la verdad absoluta en este asunto ni pretendo tenerla. No soy así de arrogante. Pero tengo, al igual que todos, un punto de vista, y éste es el mío.

Ya, alv.

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