Todo comenzó y se descontroló llegando a la universidad. Al igual que en la preparatoria, me gustó ser el centro de atención y destino de las miradas y lascivia de hombres y mujeres por igual. En la prepa tuve mis primeros encuentros sexuales, no más allá de un "faje" o unas chupadas.
En esos momentos, tener sexo era como comprar drogas: todo ocurría muy rápido y terminaba antes de comenzar.
En la uni siguió siendo, a veces, tortuoso. Pero fue ahí donde descubrí mi gusto desmedido por el placer, por la "muerte chiquita".
Es cómo una vez me dijo el chico al que me tiré debajo de las gradas del estadio universitario: "entre las piernas llevas un arma de destrucción masiva, mujer. Pero al parecer, ninguna de ustedes es consciente de ello".
Esa frase me tocó. Me impactó, pero no sería capaz de comprender lo que me quiso decir, hasta que me volví profesional.
Tiempo después, en una de las incontables fiestas universitarias, en la casa de un chico de familia acomodada, fue que tuve mi primer relación sexual "formal", como tal. Nos tomamos nuestro tiempo hasta terminar, no sin antes haber tomado mis buenos litros de cerveza y haber esnifado cocaína.
A la mañana siguiente, después de terminar con la entrepierna adolorida e hinchada, cansada pero más que satisfecha por toda la experiencia, me di cuenta que lo hice con la persona equivocada. Es decir, el chico no estaba mal, pero no era a quien yo me quería coger toda la noche. Pero esa sensación pos-coito, en donde al ponerte de pie te tiemblan las "piernitas", fue lo que marcó mi destino.
Descubrí que podía tener sexo sin enamorarme, sin pagar, sin cobrar... sin cobrar.
Puta pendeja, cogiendo sólo por placer.
Sólo fue cuestión de tiempo para que me superara a mí misma. Pasé del sexo con un tipo, al trío, a las fotos, al video. Mi número telefónico se volvió de dominio popular y mi cama se llenó de más huellas que una playa en pleno verano.
Pero dejé de ser más fácil que la tabla del uno cuando pesqué una ETS cabronsísima y cuando en una ocasión, una pareja se ofreció a pagarme por haber tenido sexo con ellos de forma tan "maravillosa".
Sólo agregaré que si hubiera sido hombre, se me hubiera caído el pito al suelo en pedazos debido a la ETS.
Es por eso que, desde esa ocasión, el uso del condón es un no negociable.
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