"Me le pasé viendo demasiado tiempo al abismo hasta que éste me devolvió la mirada"

Friedrich Nietzsche 

01 Helena Jackeline Prólogo

Me encanta Ciudad de México. Su tosquedad, su impaciencia, su desconfianza, su "me vale madre lo que le pase al otro mientras yo esté bien", pero sobre todo, su anonimato. ¡Ah, sí! Para que no te pierdas, lo diré claro desde ahora: soy escort de lujo.
 
Zorra, puta, güila, suripanta, trepadora, ramera, prostituta. Son sólo nombres, y ninguno de ellos me define.

¿Que por qué lo hago? Porque adoro el sexo. Y el dinero. No conozco a nadie que no le guste o no necesite el dinero. No sé tú, pero yo prefiero llorar y sufrir en una mansión de Tecamachalco, Condado de Sayavedra o Lomas de Chapultepec que en una casucha de Ecatepec, mientras decido a que spa acudir y si quiero ir con el chofer o en mi auto deportivo -no tengo nada en contra de la gente que ocupa el transporte público, ni de la gente en sí que así lo hace, pero entiendes a lo que me refiero, ¿cierto?-
No me metió mano de niña el tío raro de la familia, ni abusaron de mí sexualmente, sólo que cuando llegué a la pubertad y se desató la marejada de hormonas en mi cuerpo, supe que no habría marcha atrás de esa sensación tan placentera de sentirme hermosa, saberme serlo y atrapar las miradas y deseos de hombres y mujeres por igual. Para mí fue bastante estimulante como para dejarlo pasar, ignorarlo o ponerle freno. Sólo me abandoné al placer. Además, no tengo hijos que mantener y jamás he sido adicta a nada... excepto al sexo y al placer que me da, y a algunas sustancias, pero ¿quién no?
 
No lo hago por necesidad desde el punto de vista estricto de la palabra. Mi familia, si no acaudalada, nos proveyó de lo necesario. Nunca nos faltó nada a mí ni a mi hermano.
 
Terminé una carrera universitaria en psicología en una escuela privada e intenté ejercer mi profesión -la universitaria- de manera autónoma y en una empresa. En ambos casos no me fue mal, lo justo para no deberle a nadie o echarme a vivir de mis rentas. Si no me morí de hambre, tampoco tenía lo suficiente como para llegar a fin de mes y poder ahorrar. Básicamente, vivía al día.
 
Mi motivación para emprender esta nueva etapa profesional no fue la "supervivencia", sino tener el puto control de mi vida, cuerpo y a quién vendérselo. Es difícil resistirse a ingresos significativamente mayores en menos tiempo. Además, siempre tendré otras alternativas laborales.
 
Estoy consciente que ésto no durará para siempre, pero si consigo administrarme de manera correcta y no me meto en -muchos- problemas, con ayuda financiera y legal profesional, podré jubilarme a los 40 años de edad, más o menos. Al fin que ya solo me faltan 13.

***
 
Como escort de lujo, soy refinada, por supuesto. Pero cobro por hora, y cobro mucho. Aunque un porcentaje de mis ingresos se vaya en las comisiones que tengo que pagarle a mi agente por seleccionar a mis clientes, no me quejo. Tengo los recursos económicos para vivir bien. Más que bien. Además, nos da a todas sus chicas consejos y uno que otro truquito para tener enganchado y adicto al cliente.
Nunca lo ha mencionado, pero para mí que es una antigua profesional de la vieja escuela. Su "aire" es muy "de la alta sociedad". Además, cuando yo y otras chicas nos reunimos con ella, nos da algunas noticias importantes de nuestro "sector": clientes difíciles, aquellos que pagan con dinero falso, retratos hablados, etc. Aún recuerdo una de las charlas que dio, de las primeras veces que estuve en su organización: 'En un mundo de niñas en bikini y abuelas de grandes escotes, mi recomendación es que vistan traje sastre, de diseñador, a ser posible. Cuando lleguen a su cita en el hotel, lo primero que deben hacer al cruzar la puerta de entrada es buscar el elevador y pasar rápido por la recepción. Finjan que saben a dónde van, no llamen la atención y caminen rápido. Tienen que lucir estupendas, pero deben pasar desapercibidas. Al final de cuentas, sólo están interpretando un personaje'.
 
Adoro ser mi propia jefa... mi agente no es mi jefe, solo una especie de proveedor de clientes. No es lo mismo. Creo. Espero.
 
***
 
Como en cualquier profesión, hay ciertas reglas y principios que se han de cumplir, y por supuesto, yo tengo las mías:

Regla #1. Vida privada y de trabajo separadas

Tengo dos celulares, una recámara donde duermo y otra en donde tengo sexo con mis clientes. Dos guardarropas diferentes. Mis dos "personalidades" jamás se tienen que mezclar. En una vive Helena, en la otra trabaja Jackeline.

Regla #2. Tener siempre el control

Cuando recibo a un cliente en mi "oficina" (el departamento que rento para trabajar), éste tiene que estar sentado en la sala, mientras yo permanezco de pie. Desde el inicio, de forma psicológica, muestro quien manda. Y el dinero por adelantado. Efectivo. No cheques, no transferencias bancarias. En metálico.

Regla #3. Seguridad

Siempre aviso a la agencia cuando llega el cliente y si todo va bien, por celular. A veces en su presencia, otras desde la cocina o la recámara, por ejemplo. Con el paso del tiempo, aprendí a mezclar en las conversaciones de esas llamadas, palabras clave para indicar de verdad si todo va bien o hay algún problema, amenaza o situación violenta en potencia. Ahí es donde aprovecho para guardar el dinero, en un escondite seguro. Además, no es seguro ni profesional atender a clientes bajo los efectos de drogas o alcohol. Por otro lado, al tener una lista de clientes importantes en mi haber que me quieren como su chica "fija", es necesario por no decir indispensable, que firmen un contrato de confiabilidad y confidencialidad con la agencia, ya que ellos al no conocerme ni yo a ellos -tener sexo con ellos no es conocerlos-, por mucho que llegásemos a coincidir en algún sitio, a nadie le importa a quién me tiro, cuántas veces, cómo ni dónde.

Regla #4. Higiene

Mía y de ellos. Los mando a darse una ducha y les doy un cepillo de dientes. Ahí aprovecho para ponerme en "ropa de carácter" y hacer los últimos preparativos. No uso perfume, solo desodorante de hombre en espray. Soy profesional y no dejaré que mi cliente se vaya oliendo a otra mujer. Debe pensar que estoy muy caliente y excitada, por lo que ocupo lubricante para mi entrepierna en ese momento. Y por supuesto, el uso de preservativos no es negociable. Nada de sexo "a pelo" porque tomo anticonceptivos orales. Nunca, nunca; tragar su semen. Y descanso obligatorio cuando tenga la regla, a menos que el cliente me contrate en esas circunstancias específicas.

Regla #5. Descubre lo que el cliente quiere, para satisfacerlo

Haz que te cuente su fantasía, las cosas que lo excitan: '¿Dónde quieres cogerme? ¿En un callejón? ¿La playa, el campo, una granja?'

***
 
Además de mi profesión, por naturaleza soy una chica muy sociable. Tengo familia, amigos, conocidos, gente que espera que sea alguien que no soy. Cuando me reúno con ellos y me preguntan a qué me dedico, les digo que trabajo como secretaria en uno de esos enormes bufetes jurídicos internacionales, en el turno de noche, o cosas así, de lo más aburrido. De esa manera, nadie quiere que siga contando ni me hacen más preguntas al respecto. Y si por casualidad me encuentro a algún listillo que desea obtener más información de mí, soy capaz de aburrirlo a muerte con jerga legal incomprensible. Mi papá trabajó en uno de esos despachos, cuando murió. Ni mi mejor amigo sabe a lo que en verdad me dedico.
 
Por supuesto, no me inicié de buenas a primeras como escort de lujo. Tuve que comenzar desde abajo. Incluso, comencé a ejercer antes de ser profesional y cómo lo que hacía por gusto se volvió en mi negocio, es lo que estás a punto de descubrir, sólo con darle vuelta a la página y seguir leyendo.

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